LA GRACIA DE DIOS Y SU LLAMAMIENTO – Parte 3

2 Timoteo 1:8-9 dice: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, (9) quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”.

Entregarnos al llamamiento de Dios es entregarnos a Su Gracia. Es entregarnos a la fuerza que nos llama desde lo eterno. ¿Cuando nos llamo Dios? Antes de los tiempos de los siglos. ¿Porqué nos llamó Dios? Por causa de Su Propósito. No es un llamamiento enfocado en nuestra propia “realización personal”. No tiene en cuenta nuestros objetivos ni sueños. Este llamado salió de Dios antes de que nos formáramos en el vientre de nuestra madre, antes de que se formara nuestra cultura, gustos, carácter y pensamiento.

El llamamiento de Dios es eterno. ¡Imagine el poder de semejante llamado! Alguno pudiera pensar que ese llamado se nos escabulle. El poder del llamado de Dios es más fuerte que toda atracción que pudiera rodearnos. Entonces… ¿Porqué ese llamado no termina de atraparnos y conducirnos? Sencillamente porque nos hemos acercado demasiado a las cosas humanas y naturales, nos hemos pegado a las cosas del mundo demasiado tiempo. Pero es sólo cuestión de alejarnos un poco (en corazón, alma, pensamientos, emociones, etc) de esas cosas, para experimentar la fuerza atrayente del llamado de Dios. De todas maneras el llamado de Dios nos afectará toda nuestras vidas.

De seguro en su ciudad hay estaciones de radio. En este preciso momento todas esas estaciones suenan donde usted está. Esas hondas radiales llegan a usted pero no puede oírlas, porque falta la estructura para sintonizarlas. Que no oigamos el llamado de Dios no significa que no esté llegando a usted. Sólo es necesaria nuestra entrega al ámbito donde ese llamado nos gobierna: EN CRISTO.

¿Cómo hago para estar en Cristo? El evangelio nos provee todo lo necesario para estar en Él. Confesarle, recibirle, invocar Su Nombre, llevando pensamientos cautivos a su obediencia, siendo expuestos a su verdad una y otra vez, silenciando las voces del mundo y de personas que no nos provocan a su realidad, orando en el espíritu, adorándole en todo tiempo, clamando por madurar y dar fruto del espíritu como lo mayor y más importante de nuestras vidas. Entonces el llamado de Dios nos atrapará y no nos soltará más.

El llamado de Dios no es necesariamente una definición de aquello a lo cual debemos dedicarnos. No es una lista de quehaceres o instrucciones. Ese llamado no se expresa en un título o profesión a la que debamos entregarnos. Más bien es la fuerza de atracción que nos provoca a vivir en el espíritu y buscar agradar al Padre día a día. Es el poder que nos gobierna, por causa de Su naturaleza.

Oración: Padre, abre mis oídos, para que pueda percibir tu llamado eterno. Que sea yo quitado de todas aquellas cosas que gobiernan mi corazón y me alejan de tu llamado. Gracias por provocarme una y otra vez a acercarme a tu propósito eterno. Gracias por la vida de Cristo en mí. Quiero estar en Él, donde sólo me alcanzan aquellas cosas que tu permites y donde puedo experimentar verdadera vida.

0 comentarios en “LA GRACIA DE DIOS Y SU LLAMAMIENTO – Parte 3”

  1. Gracias por edificar y alimentar nuestro espiritu y por sobre todo Gracias al Padre por ser ustedes utilizados y ser parte de sus obras para poder guiarnos

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